La soberanía alimentaria es el
derecho que tenemos los pueblos para acceder oportunamente a alimentos de calidad,
producidos ecológicamente, sin contaminar y de manera sostenible. En los momentos
actuales, sin embargo, encontramos que las políticas agrarias se dirigen al
cultivo extensivo de productos y a la ocupación de tierras para agro exportación
o biocombustibles, lo que pone en riesgo la seguridad y soberanía alimentaria,
pues no garantiza el acceso, disponibilidad, calidad y cantidad de alimentos,
sino que pone en riesgo el desarrollo sostenible, no protege los productos
locales, impulsa el consumo de productos foráneos a bajo precio, genera la
desaparición de la biodiversidad, etc.
Así tenemos que los principales
problemas que enfrentamos tienen que ver con varios factores, entre los que señalamos
la baja productividad debido a la erosión de los suelos por lluvias o por el uso
intensivo o la utilización de fertilizantes sintéticos y la exigencia mayor que
se le hace a la tierra sin que pueda descansar para recuperar sus nutrientes.
Por otra parte, un problema que estamos sufriendo es la pérdida de las semillas
nativas, lo cual significa que nos vemos obligados a comprar semillas
certificadas, que exigen más utilización de fertilizantes, más riego,
resultando una mayor reducción de calidad de la tierra y dependencia del
mercado, a lo que se agrega que se pierdan también los conocimientos
tradicionales sobre la preservación de las semillas. En el caso de las
semillas, para las mujeres indígenas, nos significa una pérdida de los conocimientos
que hemos venido acumulando a lo largo de generaciones, pues somos nosotras las
que generalmente nos encargamos de la selección y preservación de las semillas.
La influencia de la penetración
comercial se hace evidente también en el cambio de patrones alimentarios que
estamos viviendo en nuestros pueblos, en donde por la crisis económica cómo por
el cambio de hábitos alimentarios, cada vez se aprecian menos los alimentos
tradicionales y se prefiere el consumo de productos que carecen de calidad
nutritiva, pero que son más baratos o considerados más modernos, especialmente
por la niñez y la juventud.
Esta problemática tiene un fuerte
impacto en el desarrollo de nuestros niños y niñas y en las posibilidades de
futuro para las nuevas generaciones.